Por una sociedad que acoge: reflexión en el Día de las Personas Refugiadas
Hoy, Día Mundial de las Personas Refugiadas, recordamos que detrás de cada cifra hay una historia, un rostro y una vida que merece ser protegida. Millones de personas se ven obligadas a abandonar sus hogares a causa de la guerra, la persecución, la violencia o situaciones que ponen en riesgo su dignidad y sus derechos fundamentales.
Como nos ha recordado el Papa León XIV en su reciente visita: “la situación de los migrantes y refugiados exige una respuesta que mire a las personas y vaya más allá de la mera gestión de flujos.”
Esta jornada nos recuerda que la acogida no es únicamente una respuesta ante una emergencia, sino una forma de entender nuestra sociedad. Acoger significa acompañar, escuchar y caminar junto a quienes llegan, construyendo comunidades donde todas las personas puedan sentirse parte y aportar desde su propia historia y capacidades.
En Caritas Bizkaia acompañamos a personas refugiadas desde nuestros diferentes programas y red de acogidas, no solamente aquí sino en los países de origen y tránsito. Desarrollamos proyectos de Cooperación en la República Democrática del Congo, Etiopía, Sudán del Sur o Líbano, entre otros países. Frente a la situación de violencia y vulneración de derechos humanos que está provocando la movilidad humana forzosa de estas poblaciones, Cáritas contribuye a promover acciones de protección y empoderamiento de defensoras de derechos con acento en la violencia de género, a garantizar la seguridad alimentaria y velar por el derecho a la educación de niñas y niños que se han visto obligados a abandonar sus países. Además, participamos activamente en iniciativas como el Patrocinio Comunitario (Auzolana II), impulsado por el Gobierno Vasco, y en Goihabe, impulsado por la DFB, junto a otras entidades sociales, con el compromiso compartido de favorecer procesos de inclusión y autonomía.
Hacemos nuestro el llamamiento del Papa a mirar la realidad poniendo en el centro a las personas. Como nos recuerda, “la dignidad humana no tiene pasaporte”, y no hablamos de cifras ni de problemas, sino de hermanos y hermanas con una historia que merece ser escuchada.
Hoy recordamos especialmente a quienes han perdido la vida en las fronteras y en las rutas migratorias —porque, como señala también el Papa León XIV “cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana”— y reclamamos vías seguras y legales que permitan que la protección sea una realidad. Construir “un nosotros cada vez más grande” implica avanzar hacia una sociedad más fraterna, donde la acogida, la dignidad y el encuentro sean responsabilidad de todos.





