Las Entidades Sociales de Iglesia reafirman su aportación a la sociedad
Una representación de 16 entidades que forman parte de la red de Entidades Sociales de Iglesia (ESI) de Bizkaia celebraron ayer su XVI Encuentro en el Salón de Barria (Plaza Nueva, 4) de Bilbao, bajo el lema «El rol de las Entidades Sociales de Iglesia ante los desafíos sociopolíticos. Nortasuna eta konpromiso eraldatzailea». La jornada, presentada y dirigida por Elena Unzueta, directora de Caritas Bizkaia, contó con las reflexiones de los sociólogos María Silvestre e Imanol Zubero y el lehendakari Iñigo Urkullu.
La red de Entidades Sociales de Iglesia (ESI) está formada por cerca de 25 entidades. Ayer, algunas de ellas, participaron en una jornada en la que se reflexionó sobre lo que aportan estas realidades a la sociedad vasca en el momento actual.
Mavi Laiseca, coordinadora de Caritas Bizkaia y una de las promotoras del encuentro destaca el alcance del mismo. En sus palabras: «Si el año pasado el obispo de Bilbao nos habló del aporte de las entidades sociales a la Iglesia, este año queremos reflexionar en torno a nuestra contribución a la sociedad». Laiseca subraya que la red se reúne cada año. Añade también que es «para trabajar lo que está pidiendo la realidad social, las nuevas realidades, las nuevas llamadas que se reciben«, en alusión a los desafíos emergentes que estas entidades afrontan.


Una mirada sociológica sobre el modelo de bienestar
La jornada contó con la participación de dos sociólogos de referencia. María Silvestre, de la Universidad de Deusto, presentó una ponencia centrada en si los valores sociales que inspiran a las ESI —dignidad, justicia, solidaridad, participación y servicio— encuentran respaldo en la ciudadanía y en el modelo de bienestar vigente.
Su análisis dibujó un escenario de luces y sombras. Aunque existe un amplio apoyo ciudadano a la intervención pública y al gasto social, se detectan tensiones entre valores solidarios y prácticas individualistas. Esto sucede en un contexto que describió como una cultura política «ambivalente, individualizada y emocionalmente fatigada».
Entre los principales desafíos, Silvestre señaló el acceso a la vivienda como «el principal eje de desigualdad». También mencionó la precariedad juvenil y la desafección política como amenazas a la legitimidad del Estado de Bienestar.
Su conclusión apuntó a la necesidad de fortalecer el tejido relacional y comunitario como pilar de un modelo sostenible. Según ella: «Sin bienestar percibido como justo, la democracia pierde apoyo; y sin democracia efectiva, el bienestar pierde base social».
Las personas pobres como referencia
Imanol Zubero, de Euskal Herriko Unibertsitatea, planteó una reflexión de calado más identitario, que tocó una cuerda sensible entre los asistentes. Partió de señalar una tensión constitutiva de las ESI: son una de las expresiones del ser cristiano como laicos y laicas en el mundo. Además, la condición laical cristiana implica lo que Zubero describió como una «extranjería objetiva»: estar en el mundo, pero no ser del mundo. «Esto remueve mucho y genera un dilema fundamental: cómo estar en el mundo sin convertirnos en el mundo», afirmó.
El sociólogo recordó que la expresión evangélica fue entendida en algunas ocasiones como un rechazo al mundo. Sin embargo, subrayó que las entidades sociales de Iglesia no están llamadas a la vida monacal ni a habitar espacios protegidos. «Participamos plenamente del mundo con todas sus tensiones y tenemos que confrontarnos con todo lo que nos reclama». Además, señaló que es una tensión complicada de vivir individualmente, y más aún de manera colectiva.
En el ámbito de lo social, apuntó a un debate de fondo en torno a la dimensión eclesial o religiosa de la acción. Explicó que el Evangelio habla tanto de pobres de espíritu como de pobres materiales. Y dijo que el camino trazado por los dos últimos papas —en su insistencia en la dimensión social de la fe— ha abierto, en palabras del ponente, «un espacio interesante».
Sin embargo, Zubero advirtió de una corriente de fondo que complica ese horizonte. Dijo que se percibe el retorno contemporáneo a aspiraciones religiosas y espirituales que tienden a perder de vista tanto la idea de un tú trascendente como la del prójimo. Frente a esa deriva, fue rotundo: «La respuesta inequívoca es que las personas pobres son el lugar referencial de las personas cristianas». Desde esa perspectiva, apostilló, las Entidades Sociales de Iglesia son «una expresión fundamental de la caridad de la Iglesia».
El lehendakari llama a la auzolana
El lehendakari Iñigo Urkullu intervino para ofrecer una visión política sobre la relación entre la Administración y las ESI. Arrancó su intervención desde donde dijo que «debemos empezar siempre: por las personas». Además, recordó que las entidades presentes atienden a más de 290.000 personas en Bizkaia. «No es un dato estadístico. Es una responsabilidad moral», afirmó.
Urkullu planteó cuatro ideas centrales. Reivindicó el papel de las entidades sociales como «interlocutores con autoridad» ante la Administración, más allá de su rol como proveedores de servicios. Alertó del riesgo de que los modelos de financiación ligados a catálogos de servicios dejen fuera «lo latente, lo incipiente», las necesidades emergentes que todavía no tienen nombre. Finalmente, animó a las entidades a pasar de la queja a la propuesta, recordando que «quien es capaz de reconocer los avances tiene más autoridad moral para exigir».
El lehendakari cerró su intervención apelando al espíritu del auzolana —el trabajo compartido orientado al bien común— como modelo de relación entre Administración, entidades sociales y sector privado. Explicó que «Lo que está en juego no es la sostenibilidad de nuestras entidades. Es el tipo de sociedad que estamos construyendo».
Trabajo en grupos y líneas de acción
Tras las ponencias, los participantes se organizaron en grupos de trabajo para reflexionar sobre lo escuchado y extraer conclusiones que permitan trazar líneas de acción concretas para la red. Además, el encuentro reafirmó así la vocación de las ESI de Bizkaia de ser no solo prestadoras de servicios, sino agentes activos en la construcción de una sociedad más justa e inclusiva.





