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Jornadas de las migraciones

Jornada de las MigracionesCon motivo de la “Jornada de las Migraciones”, el pasado 15 de enero celebramos en la Catedral de Santiago una emotiva eucaristía en la que tomaron parte diferentes personas, hermanos y hermanas, de distintos lugares unidos por una misma fe.

En la ceremonia, los obispos encargados de esta Comisión en la Conferencia Episcopal nos hicieron llegar un escrito sobre inmigrantes algo que nos hizo pensar: “Salgamos al encuentro, abramos puertas. Este lema nos demanda no permanecer cerrados en los recintos de nuestras comunidades, atrevernos a transitar por nuevos caminos abriendo puertas y suscitando encuentros, leyendo en el rostro de los inmigrantes sus dolores y esperanzas, traduciendo la esperanza del Evangelio en respuestas prácticas para adultos, jóvenes y niños. En la evangelización –como en la relación migratoria– no hay uno que da y otro que recibe. Los dos dan y reciben”.

Y también, como recuerda el papa Benedicto: “Las comunidades cristianas han de prestar una atención particular a los trabajadores inmigrantes y a sus familias, a través del acompañamiento de la oración, de la solidaridad y de la caridad cristiana; la valoración de lo que enriquece recíprocamente, así como la promoción de nuevos programas políticos, económicos y sociales, que favorezcan el respeto de la dignidad de toda persona humana, la tutela de la familia y el acceso a una vivienda digna, al trabajo y a la asistencia”.

Cáritas por su parte recordó que, ahora que estamos en crisis, este clima propicia actitudes insolidarias que colocan a las personas inmigrantes en la última posición de nuestra sociedad. Como si sus derechos no fueran tales, sino privilegios de los que pueden ser despojadas sin consecuencia, y nos transmite la idea de que sin el colectivo inmigrante será más fácil recuperar el período de bonanza económica. No podemos caer en ese error, otro más: por encima de la riqueza que supone la diversidad cultural, por encima de la contribución de estas personas al mantenimiento de un Estado de Bienestar que otros se empeñan en desmantelar, se encuentra el respeto a su dignidad como seres humanos. Y una sociedad que lo olvida no deja nunca de estar en crisis.

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