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La diversidad nos hace mejores

El 21 de mayo se celebra el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo y desde Caritas Bizkaia queremos poner en valor esa diversidad, fruto de la cultura del encuentro que nos propone el Papa Francisco.

Hemos sido un país de emigración. Crecimos escuchando la historia de nuestros padres o nuestros abuelos que buscaron lejos el bienestar de sus familias y descubrieron otra lengua, otra religión, otras costumbres, otra cultura. Seguro que no volvieron sintiéndose iguales; seguro que la experiencia de migrar supuso una despedida y un duelo, dificultades en el camino, soledad o inadaptación, pero también les permitió abrir los ojos al mundo, salir de lo conocido, aprender idiomas, compartir saberes. El encuentro con otro ser humano nos interpela, nos cuestiona y nos enriquece. Es difícil transitar ese camino y permanecer intactos.

Desde hace unas décadas, también nos hemos convertido en un país de inmigración. A nuestros barrios llegan personas de otras partes del mundo que traen en su mochila los mismos miedos y deseos que llevaron quienes les antecedieron. Ahora son nuestros idiomas los que resuenan extraños en sus oídos y nuestras tradiciones las que despiertan curiosidad. El rechazo y los prejuicios siguen poniendo en peligro la convivencia, pero también somos sociedad de acogida. La historia se repite.

Y en ambos casos, cuando fuimos migrantes o cuando somos el país al que migran, la diversidad es el resultado de ese encuentro; un proceso bidireccional que siempre suma, aunque a veces nos empeñemos en poner el foco en lo que nos diferencia.

La diversidad cultural es fuente de riqueza. Para la UNESCO, es patrimonio común de la humanidad y una oportunidad para la paz y el desarrollo. En palabras de Irina Bokova, su Directora General, un recurso valiosísimo para alcanzar los objetivos de desarrollo, ya se trate de combatir la pobreza, promover la igualdad de género, la educación de calidad o los derechos humanos.

La diversidad cultural es garantía de creatividad y de innovación, porque implica aprovechar saberes y buscar en común nuevas respuestas a los desafíos del mundo. Es el resultado de compartir desde el mutuo reconocimiento para construir juntas y juntos. Aceptar y legitimar nuestras diferencias puede parecer un reto no exento de dificultad, pero también una oportunidad para incentivar valores como el respeto o la tolerancia tan necesarios en la convivencia.

Por eso desde Cáritas queremos celebrar la diversidad que enriquece nuestros barrios y nuestras comunidades y contribuir a que la sociedad la perciba como un bien común y no como un problema. La estrategia Argi Ibili, No te encalles, que se lleva desarrollando en la entidad desde el año 2012, ha puesto el acento en esa oportunidad de crecimiento individual y colectivo que implica la diversidad. Acoger, proteger, promover e integrar a las personas migrantes y refugiadas, como nos pide el Papa Francisco, es un gesto de fraternidad, solidaridad y justicia, pero también una bienvenida a la mezcla de culturas, lenguas, creencias, músicas y costumbres de la que podemos emerger más fuertes. Si sentimos de verdad que no hay que temer a lo desconocido sino salir a su encuentro, podremos construir una sociedad más cohesionada que no deja a nadie en la cuneta y que aprovecha las potencialidades de todos sus miembros, procedan de donde procedan. Ese será nuestro frente a la movilidad humana y sabremos que no hemos fallado cuando nuestra mirada nos devuelva un crisol de culturas conviviendo armoniosamente.

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