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Día internacional de la Familia

Caritas Bizkaia en el Día internacional de la familia reconoce su valor en la generación de relaciones y vínculos que favorecen: el desarrollo personal, la transmisión valores, cultura, el aprendizaje a lo largo de la vida, los cuidados, la afectividad y la socialización

La crisis sanitaria y social provocada por la COVID19 ha impactado de forma especial sobre las familias más vulnerables. Si antes de la actual pandemia el proceso de integración de muchas familias y hogares en situación de pobreza y exclusión social se mostraba todavía débil en su recuperación e inestable en su duración, ahora el retroceso está siendo importante.

La pérdida del empleo con las consecuencias materiales y psicológicas que ello conlleva sumada al desbordamiento psicosocial y emocional que están viviendo llevan a la familia a una situación de extrema fragilidad que exige de las Administraciones públicas una estrategia eficaz de respuesta integral y urgente.

 

La pobreza se hereda.

Crecer en hogares en situación de pobreza, tener dificultades para seguir adecuadamente los procesos formativos, estar expuesto a dinámicas vitales y familiares de estrés generadas por la incertidumbre, padecer sucesos vitales estresantes tales como la pérdida del empleo, los conflictos familiares graves o la perdida de la vivienda, etc., aumentan las probabilidades de que menores y jóvenes inmersos en estas circunstancias sufran pobreza, vulnerabilidad y exclusión social en el futuro.

Este escenario nos lleva a pensar que “todo depende de la familia y las circunstancias en las que te ha tocado vivir”; precisamente contrarrestar esta situación, es decir, no dejarnos a la intemperie a cada cual con sus riesgos y circunstancias particulares, está en el origen de las políticas sociales: un pacto colectivo basado en el reconocimiento de la dignidad de todas las personas, en el reconocimiento de los derechos humanos, en reconocernos parte de una misma historia compartida; para ello, hace falta un sustrato de cohesión social, de pertenencia colectiva y de identificarnos las unas con las otras. La pérdida de fuerza de esta cohesión social debido al proceso de desvinculación social (FOESSA 2018) y el debilitamiento de las políticas sociales, están haciendo mella en la igualdad de oportunidades en nuestra sociedad.  Por ello, cada vez más, volvemos a situaciones que creíamos del pasado: la pobreza se hereda y esto les está ocurriendo a cada vez más familias, que se encuentran “solas” en su esfuerzo no solo de paliar las circunstancias de la precariedad presente, sino de proveer de un futuro mejor a sus hijos e hijas.

La realidad de las familias con hijos e hijas, y especialmente la realidad de las familias con menores a su cuidado, está muy presente en la acción social de Caritas. Prácticamente la mitad de las personas acompañadas pertenecen a familias con hijos e hijas, y de estás casi la mitad don familias monoparentales.

Una realidad que requiere seguir manteniendo nuestro esfuerzo solidario en generar comunidades acogedoras que pongan la vida en el centro y frenen la transmisión intergeneracional de la pobreza.

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