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Cáritas Euskadi- Comunicado

En la protección y promoción de las personas:
¡NI UN PASO ATRÁS!

En estos momentos de incertidumbre socioeconómica e inseguridad en el futuro a la ciudadanía se le presentan grandes dificultades para realizar un análisis sereno de la situación y mirar el futuro con cierta ilusión y esperanza. Más aún cuando nos inundan datos contradictorios, noticias interesadas, opiniones, debates… que nos transmiten discrepancias, desasosiego… y que además nos abren una peligrosa puerta a la tentación del “sálvese quien pueda” y a la insolidaria cultura del descarte.

Los datos macroeconómicos trasladan a nuestro imaginario colectivo la idea de que la crisis ha terminado; sin embargo, desde Cáritas constatamos que sus efectos más graves no han desaparecido en el día a día de las personas más desfavorecidas. Es más, la situación actual muestra una sociedad más desigual y precaria, con nuevas víctimas que se suman a las que ya existían antes de la recesión, con unos derechos sociales más restringidos y expuestas a una forma de analizar la realidad que entiende que las personas solo son “rescatables” si las leyes de la economía lo permiten.

En Cáritas Euskadi queremos, desde el sosiego, mostrar nuestra posición, enraizada en la visión de lo que ahora está ocurriendo en la vida de muchas personas en situación de fragilidad y debilidad. Y hablamos de “personas” sin adjetivar, en su concepto más amplio y más profundo, como seres humanos con los que en este momento de la historia compartimos vida, sueños y esperanzas.

Partimos de la evidente necesidad de lograr una mayor justicia social. Por eso trabajamos, sin pausa, en la construcción de una sociedad acogedora, que cuente con procesos para proteger, acompañar y promocionar a todas las personas, poniendo especial cuidado en las que más lo necesitan. En esta sencilla lógica se fundamenta nuestra acción continua, en la que sumamos esfuerzos con otros agentes que promueven la construcción de una ciudadanía activa, despierta, centrada en las personas, que busca respetar su dignidad, cuidando y potenciando su motor principal que es, sin duda, el reconocimiento de los derechos de cada ser humano.

Estamos convencidos que nuestra credibilidad como sociedad no está basada exclusivamente en indicadores de desarrollo, innovación, exportación, calidad, autosuficiencia energética…, sino también en aquellos que muestren nuestra apuesta firme por la protección del débil y la capacidad como colectivo de proponer plataformas de inclusión social y laboral.

Bajo este mismo planteamiento, como sociedad -especialmente en Euskadi-, nos hemos dotado de herramientas que juegan un papel determinante en la protección de las personas, la búsqueda de cohesión social y la prevención del aumento de la desigualdad. Estamos hablando del sistema de renta de garantía de ingresos y de inclusión social. Su desarrollo actual, en tiempos delicados, evidencian además su eficacia en la consecución de esos objetivos.

Conscientes de nuestro margen de mejora, de la necesidad de cuidar con firmeza su buen uso, de las muchas posibilidades que aún tenemos de ampliar la protección (que no está llegando a todas las situaciones), de la necesidad de desarrollo, perfeccionamiento y coordinación de nuestras plataformas de inclusión, etc., no podemos más que apoyar de forma contundente nuestro sistema de Renta de Garantía de Ingresos e Inclusión Social.

Tras 25 años de contrastada experiencia, este sistema está siendo un poderoso amortiguador de los efectos negativos de la actual coyuntura económica y una herramienta eficaz de redistribución de la riqueza. Sirve de apoyo para el complemento de pensiones bajas, como suplemento para personas que incluso trabajando no obtienen suficientes medios económicos y para paliar la situación económica básica de personas-familias en situación de vulnerabilidad. Seamos conscientes además de que los recursos financieros que se invierten en esas personas pasan de forma inmediata a los circuitos económicos locales y revierten de nuevo rápidamente en el conjunto. Además, mantienen y favorecen la cohesión social.

Cualquier modificación de la actual legislación debe ser en clave de mayor apuesta y ampliación de la protección. Cualquier reducción, ajuste o disminución de la actual capacidad protectora, además de graves consecuencias para las personas y un aumento en la brecha de desigualdad social, va a contar con nuestra desaprobación pública. Sólo nos podemos permitir avanzar como sociedad. ¡Ni un paso atrás!

Debemos coordinadamente, responsablemente, con urgencia… potenciar las plataformas de Inclusión Social para que el tiempo en el que una persona o familia esté en situación de necesidad sea el menor posible, intensificando nuestra fortaleza de promoción, de empleabilidad, de activación de estas situaciones que tantas y tan profundas heridas provocan.

El potencial del Tercer Sector para este propósito está más que demostrado. Aprovechemos la capacidad público-privada de movilización porque la fortaleza común es evidente.

Desde aquí, Cáritas Euskadi (Cáritas Diocesana de Vitoria, Cáritas Diocesana de San Sebastián y Cáritas Diocesana de Bilbao), aportando nuestra visión creyente de la realidad e insertos en un mundo “necesitado de tener respuestas que alienten, que den esperanza, que den nuevo vigor en el camino”, muestra su compromiso activo y la absoluta disponibilidad para crecer como sociedad orgullosa de su capacidad de proteger, acompañar y potenciar al máximo las posibilidades de cada persona. Nos falta camino, pero ahí andamos, en defensa de la dignidad de todas ellas.

Carlos Bargos
Presidente de Cáritas Euskadi

 

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